Cuando Chávez es noticia, no se puede esperar algo bueno. Tampoco sorprende lo que haga, luego de tantos años de locuras al frente del poder. Está claro que en Venezuela impera la "ley de Chávez", esto es, la voluntad de Chávez, que por más disparatada que resulte, se transforma en ley.

Chávez hace lo que quiere, pero no lo que debe y es por este motivo que el contexto económico de Venezuela continúa complicándose haciendo que la crisis económica sea inevitable. Lo único que falta por anticipar es cuándo se producirá.

 Cuando hablamos de petróleo en Venezuela, inevitablemente lo asociamos con la gigante estatal Petróleos de Venezuela SA (PDVSA), pero alrededor de la misma existen varias compañías de las cuales, la petrolera estatal depende para producir. Sobre éstas, Chávez ha echado el ojo.

Como les comentara en un artículo del mes de febrero, producto de la fuerte caída en el precio del petróleo y de una administración que deja mucho que desear, PDVSA había acumulado una importante deuda con empresas prestadoras de servicios vitales para que la petrolera  estatal pudiera desarrollar su actividad.  "Chávez sigue en campaña mientras los ingresos petroleros peligran".

Realmente, el problema que enfrenta PDVSA es preocupante y difícil de resolver. Un consultor económico promedio hubiera aconsejado un análisis profundo de la compañía para llevar adelante una serie de reformas profundas tendientes a mejorar su eficiencia productiva, conjuntamente con otras medidas para incrementar las reservas petrolíferas del país, para garantizar que el sector petrolero siga siendo la fuente fundamental de divisas del país. 

Según "Capital News", PDVSA está más cerca de la bancarrota. La empresa mantiene maquillado un pasivo superior a los US$ 24.000 millones y tiene graves problemas financieros por los cuales ha recurrido a la Caja de Ahorros de sus empleados entregándole bonos de dudosa garantía por US$ 2.500 millones (para muestra, los bonos de PDVSA con vencimientos en 2027 cotizan al 38,6% de su valor). La gravedad de la situación de PDVSA se refleja en otros hechos tales como el recorte en un 20% de los sueldos de sus empleados, la limitación de las inversiones y el freno de los principales proyectos.

Pero Chávez, que siempre se ha mostrado muy creativo y sobre quien la racionalidad no limita su pensamiento, entendió que como PDVSA no puede pagar las deudas que mantiene con estas empresas, lo mejor sería quedarse con las mismas. 

Es así que el Congreso de Venezuela dio el pasado martes su aprobación inicial para que el Estado venezolano tome el control de este grupo de compañías de servicios petroleros, con las que además, está manteniendo una fuerte disputa dados los miles de millones de dólares de deudas impagas.

Chávez resolvería de este modo el problema de PDVSA, pero se le crea otro problema que consiste en reunir el dinero necesario para la expropiación de dichas compañías. El mandatario venezolano pensaba y pensaba cómo resolver esto hasta que se le ocurrió la buena idea de compensar a las firmas con bonos, los que podrán llevarse como recuerdo de su aventura de querer invertir en suelo venezolano. Seguramente esta forma de resolución será bienvenida por las nuevas víctimas de la política expropiatoria de Chávez.

El proyecto de expropiación afecta a un amplio conjunto de firmas vinculadas de manera directa o indirecta a la actividad de PDVSA. Entre las firmas que podrían ser afectadas por el proyecto se encuentra el productor de gas natural y firma de gasoductos Williams Companies Inc (NYSE:WMB), propietario mayoritario de una instalación de compresión de gas que reclamaba en abril deudas impagas de PDVSA por US$ 241 millones.

La expropiación de las empresas prestadoras de servicios para el sector petrolero, no será la solución para los graves problemas que enfrenta PDVSA. Probablemente retrasen la crisis de la compañía pero no podrán evitarla ya que la empresa continúa enfrentando un precio del barril por el piso y una extrema ineficiencia operativa. La alternativa que el gobierno venezolano ayude a la compañía está totalmente descartada, cuando es la compañía la que sostiene al gobierno de Chávez.

La crisis de PDVSA altera la principal fuente de ingreso de divisas de Venezuela. Esto agrega mayores dificultades a la deteriorada economía venezolana. Es por ello que, frente a los riesgos crecientes de crisis, Chávez decidió acelerar su avance en su cruzada socialista y hacerse de todas las empresas claves para sostener lo que queda de la economía. Sobre esta avanzada seguramente seguiremos teniendo noticias en breve.

Ante este avance sobre la propiedad privada, las compañías extranjeras están lentamente preparando su huída del país. Dentro del sector bancario, el Santander, mientras distrae al gobierno venezolano con negociaciones de crédito, se encuentra armando las maletas para salir del país.

La economía de Venezuela está sin dudas entrando en caos. El sector privado sólo piensa en sobrevivir y el que puede, en huir del país. La palabra inversión no se escucha comúnmente en el sector empresario. Tampoco se habla demasiado de producción. En este contexto se alimenta el círculo vicioso entre el estancamiento económico y la inflación.

Frente a este panorama tan complejo, la única salida que ve Chávez es completar su proyecto socialista lo más rápidamente posible. No caben dudas que se seguirá avanzando en dicha dirección. Lo que no está claro es si llegará a lograrlo y si lo hace, cuánto tiempo podrá sostener este proyecto. Mientras tanto, nos estaremos preguntando: ¿Qué es lo próximo que Hugo Chávez hará?