La política monetaria en Latinoamérica ¿Ayuda a atenuar la crisis o genera nuevos problemas?

La política monetaria en Latinoamérica ¿Ayuda a atenuar la crisis o genera nuevos problemas?
Buenos Aires, Argentina
2 de marzo de 2009
Hasta el estallido de la crisis la política monetaria ocupaba un rol central en el control de la dinámica tanto de la inflación como del crecimiento económico. Las políticas monetarias de metas de inflación se habían expandido con gran éxito y cada vez más países la adoptaban.
En Latinoamérica, la mayoría de los Bancos Centrales aplican una política monetaria de metas de inflación, en donde el Banco Central de Chile ha sido precursor. También aplican este tipo de política monetaria Brasil, México, Perú y Colombia, entre las principales economías de la región. Argentina, que es otra de las principales economías de la región, aplica una política monetaria basada en agregados monetarios como meta intermedia, justificada en la debilidad de los canales de transmisión de la política monetaria que no permite otro tipo de estrategia.
La política monetaria de metas de inflación, que consiste, a grandes rasgos, en anunciar un nivel objetivo de inflación el cual buscará ser alcanzado por la autoridad monetaria, ha sido de gran utilidad en Latinoamérica para restaurar la credibilidad en los banqueros centrales. La historia de la región de altos niveles inflacionarios con no pocos episodios hiperinflacionarios ha generado la necesidad de reconstruir credibilidad.
Sin embargo, la crisis ha generado un fenómeno inesperado para los banqueros centrales no solamente en los países desarrollados, sino también en Latinoamérica: la incidencia de la política monetaria para controlar la dinámica inflacionaria y reducir el impacto de la crisis ha sido mínima. Este fenómeno se ha observado tanto en las economías desarrolladas como en aquellas en desarrollo en general y en las economías latinoamericanas en particular.
La explicación de la poca incidencia de la política monetaria en el control de la inflación y en el estímulo económico se encuentra en la magnitud de los shocks externos que afectaron a las economías. Así por ejemplo, los banqueros centrales poco pudieron hacer para frenar la aceleración inflacionaria frente al alza de los precios internacionales de la energía y los commodities agrícolas por lo que en medio de la crisis, las economías experimentaron niveles de inflación no vistos desde hacía varios años.
Hacia finales del 2008, con la economía global cayendo en una profunda desaceleración, las presiones inflacionarias cedieron fuertemente y, sin que los banqueros centrales hicieran mucho al respecto, la tasa de inflación comenzó a bajar fuertemente hasta reacomodarse en niveles por debajo de la precrisis en muchos casos. El escenario actual muestra a varias economías desarrolladas con riesgo de deflación.
Durante la mayor parte del 2008 la incidencia de factores externos sobre las economías latinoamericanas hizo que la tasa de inflación se comportara al alza a pesar de la política monetaria restrictiva llevada adelante por las economías de la región que aplican metas de inflación.
Pero del mismo modo como las presiones inflacionarias externas impulsaron al alza a la tasa de inflación, la incidencia del factor externo a partir del cuarto trimestre de 2008 influyó significativamente en la desaceleración de la dinámica inflacionaria lo cual les permitió a los banqueros centrales latinoamericanos iniciar el ciclo de recortes de tasas de interés para apuntalar a las economías afectadas por la crisis financiera internacional.
Esta política monetaria más laxa no está logrando hasta el momento los resultados esperados dado el debilitamiento observado en los canales de transmisión de la política monetaria. Sin embargo, esta no es la única preocupación vinculada a la dinámica de la política monetaria en los países latinoamericanos. El ciclo de recortes de tasas está reduciendo el diferencial de tasas existente con las principales economías mundiales, lo cual está afectando el tipo de cambio, aumentando el riesgo inflacionario.
Así por caso, en su última reunión de política monetaria, el Banco Central de Chile realizó un recorte de 250 puntos básicos en su tasa de interés, la cual ubicó en 4,75%, y no se descartan nuevos recortes. El Banco Central de Brasil por su parte, recortó la tasa Selic en 100 puntos básicos en su última reunión. En el caso del Banxico, la tasa de interés de referencia sufrió un recorte de un cuarto de punto, ubicándose en 7,5% aunque los recortes continuarán dada la debilidad observada en la economía mexicana. El Banco de Reserva de Perú, redujo sorpresivamente su tasa de interés a 6,25% en febrero (25 puntos básicos), mientras que el Banco Central de Colombia recortó el viernes pasado su tasa de interés de referencia en 100 puntos básicos llevándola al 8%.
Si observamos la evolución del tipo de cambio en los países latinoamericanos, encontramos que desde setiembre de 2008 en todos los casos, han sufrido una depreciación respecto a la moneda norteamericana, aunque en algunos de ellos, dicha depreciación ha sido muy pronunciada. Tal es el caso de México, Brasil y Colombia. En el caso de México, el dólar pasó de cotizar a $ 10,28 al principio de setiembre a $ 15,09 hacia fines de febrero del 2009. En Brasil el dólar pasó de cotizar a R$ 1,632 a R$ 2,313, mientras que en Colombia, el tipo de cambio pasó de $ 1.934,24 a 2.544,53 en el mismo período.
El debilitamiento observado en los tipos de cambio no ha sido de utilidad para generar una mejora en las economías vía el sector externo y para colmo implica un riesgo inflacionario por el traslado del debilitamiento de la moneda local hacia precios internos. Además, refuerza el desincentivo para los capitales extranjeros pudiendo profundizar la salida de los mismos de los países de la región, debilitando aún más los tipos de cambio.
¿Qué deben hacer los banqueros centrales latinoamericanos ante la ineficacia observada en sus políticas monetarias y los mayores riesgos de inestabilidad que las mismas generan? La ineficacia observada en el último tiempo en la política monetaria hace necesaria la existencia de un replanteamiento de las acciones de política monetaria que se están llevando adelante. Probablemente la continuidad de los recortes en la tasa de interés de referencia de los países de la región no sea la solución para evitar la continua desaceleración en el crecimiento. Quizás sea más conveniente que los banqueros centrales trabajen en otro tipo de mecanismos que faciliten la generación de crédito en las economías para apuntalar de esta manera a una demanda interna que aparece debilitada.
¿Existe riesgo de estallido inflacionario en las economías de la región producto del debilitamiento cambiario? La debilidad de la economía global y de las economías de la región, hace improbable que se produzca un fuerte efecto traslado hacia precios internos del debilitamiento cambiario. Sin embargo, los tipos de cambio excesivamente débiles implicarán un mayor nivel de inflación a futuro (especialmente en cuanto la economía global comience a recuperarse), que obligará a los Bancos Centrales a una política monetaria más estricta.
Si bien el riesgo inflacionario existe en el mediano plazo, en el corto plazo, algunas economías podrían enfrentar el riesgo de deflación. En los últimos meses, se ha registrado deflación mensual en las economías de Chile, Brasil y Perú. En México, desde la Secretaría de Economía se espera que la economía caiga en deflación. ¿Entonces el riesgo deflacionario de corto plazo hace que resulte conveniente continuar con los recortes en la tasa de interés de referencia? No necesariamente. El problema pasa por el debilitamiento tanto de la demanda externa como interna de las economías de la región. La política monetaria no se ha mostrado eficaz en recuperar a ninguna de ellas. Por lo tanto, no existe seguridad de que nuevos recortes en las tasas de interés de referencia eviten el riesgo de deflación.
Los banqueros centrales latinoamericanos ingresan nuevamente a un escenario complejo en el cual sus acciones de política no logran el impacto deseado y amenazan con producir efectos indeseados. ¿Será el momento de un profundo replanteo en las mismas?
