La última aberración argentina en materia económica ha visto la luz. En España se preguntan si el gobierno argentino se ha vuelto loco, y S&P por las dudas que así fuera, preventivamente bajó la calificación de la deuda argentina. Un gobierno que se boicotea a sí mismo.
Cuando uno se porta tan mal durante tanto tiempo, cuando se muestra rebelde e incorregible, es lógico que en algún momento llegue el castigo. Y esto fue lo que le ocurrió a la Argentina con su calificación crediticia. Standard & Poor´s decidió el pasado viernes reducir la calificación de la deuda argentina tanto en moneda local como extranjera, llevándola a “B-/C” desde la calificación previa de “B/B”, aunque al menos con tendencia estable.
Se puede decir, utilizando la jerga futbolera, que la rebaja en la calificación crediticia de la Argentina fue producto de un “gol en contra” que el mismo país se hizo con las turbulencias e incertidumbres autogeneradas. Varios destacados economistas del país se han referido a los problemas de la Argentina de esta manera, considerándolos como insólitamente autoprovocados. Es que Argentina no tendría por qué estar pasando por momentos turbulentos cuando tenía todo para crecer sólidamente.
Cuando la crisis financiera internacional golpeaba a los países desarrollados y los emergentes se mantenían aislados de los efectos de la misma, entre los que se debió encontrar la Argentina, el país se generó sus propias turbulencias, en un primer momento con la disposición de implementar retenciones móviles a las exportaciones de granos y últimamente con la decisión de estatizar el sistema de jubilaciones y pensiones. En realidad ya había comenzado a poner las bases de la inestabilidad con los controles de precios a principios del 2006 cuando la inflación comenzaba a acelerarse y con el ocultamiento del verdadero nivel inflacionario cuando ya ni los controles resultaban efectivos.
Una de las últimas ocurrencias del gobierno argentino, la reestatización del sistema de jubilaciones y pensiones, ya comentada, no hizo otra cosa que alterar los nervios del mercado, llevando el riesgo país a romper la barrera de los 2000 puntos básicos (aunque ha caído en las últimas jornadas ubicándose en los 1783 puntos básicos) y generando una masiva huida hacia el dólar estadounidense, el cual llegó a cotizar en $ 3,44 y obligó al Banco Central de la República Argentina a salir con toda su artillería para detener su escalada. Además, las turbulencias generaron una masiva huida de capitales fuera de la Argentina y de depósitos del sistema financiero.
Es por ello que la decisión de reducir la calificación de la deuda argentina por parte de S&P es el claro reflejo del deterioro tanto del aspecto económico como político en la Argentina. El país ha debilitado tanto el pilar fiscal como el externo y se espera una fuerte caída de la tasa de crecimiento para 2009.
Pero el deterioro de los pilares en los que se apoya la economía argentina, muestra la fragilidad de los mismos dada su alta dependencia de ciertos elementos. Es que el superávit externo se ha apoyado en gran medida en el buen momento del sector agroexportador, mientras que el superávit fiscal ha tenido en el impuesto al cheque y las retenciones a las exportaciones a sus principales explicaciones.
Pero además de los golpes que recibe la economía producto de las malas decisiones de política económica que se han venido tomando en los últimos años y que se agravaron con el inicio del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, los mismos también generan un impacto negativo en el frente político con un incremento del riesgo de polarización política y de pérdida de poder.
La situación a la que llegó la economía argentina producto de sus propios errores generó una lluvia de críticas, entre ellas, la del director del Centro de Estudios de la Nueva Economía (CENE) de la Universidad de Belgrano (UB), Víctor Beker, que decía: “El Gobierno se las ingenió para crear un tsunami interno” [sobre la estatización del régimen de jubilaciones y pensiones]. Al margen de que uno esté o no de acuerdo con la medida en sí, lo peor del caso es la oportunidad que se elige. En medio de una crisis financiera internacional, que afortunadamente no le estaba pegando a la Argentina, nosotros nos la ingeniamos para crear un tsunami interno que nos pone en una situación parecida a la que tendríamos si nos estaría pegando la coyuntura internacional”.
¿Qué implicancias puede tener la rebaja en la calificación crediticia del país?
Una posible respuesta a esta pregunta y que me resultó de color, fue la del destacado economista de Orlando Ferreres y Asociados, Fausto Spotorno, que decía: “No creo que influya más sobre la economía y en cierto sentido era previsible. (...) Creo que ya no tiene mucho más efecto. ¿Qué le hace una mancha más al tigre?”.
La rebaja en la calificación crediticia hace más costoso el acceso a los mercados financieros internacionales, en caso de que ello fuera posible. Pero está claro que para la Argentina los mercados financieros permanecerán cerrados por tiempo indeterminado.
Quizás la rebaja en la calificación pueda incrementar los temores sobre la economía argentina de los agentes privados y derivar en un aumento de la demanda de dólares. Ello podría alterar la dinámica de la cotización del dólar. Sobre esto, el economista argentino, Miguel Angel Broda decía: “Por ahora el Central está pulseando y lentamente se está devaluando. Pero el problema es que estamos en una crisis donde la gente no quiere pesos y quiere dólares. Da la sensación que estrategias improvisadas y aisladas no van a ser suficientes para cambiar los deseos de la sociedad que quiere dolarizar el portafolio”.
Si bien la rebaja en la calificación crediticia del país no es hoy por hoy de gran relevancia a la hora de pensar en el acceso a los mercados financieros internacionales, sí lo es para las empresas, las cuales encuentran reducido su valor ante el incremento del riesgo país que también las afecta.
Es que el deterioro del riesgo país en la Argentina refleja un deterioro en el ambiente de negocios del país y ello repercute en las empresas, aunque de manera diferencial. S&P aclara esta situación diciendo que el impacto dependerá de una serie de factores que incluyen la probabilidad de intervención gubernamental, la flexibilidad financiera, el apoyo de los accionistas y dueños, la estabilidad de la generación de caja, el nivel de endeudamiento total, entre otros.
Este deterioro en el ambiente de negocios también deriva en un efecto negativo para el atractivo de inversión que produce el país. Las inversiones posiblemente se vean limitadas por este aspecto y eso es una mala noticia para la Argentina.
La baja en la calificación de riesgo crediticio de la Argentina se debe tomar con seriedad y debería hacer pensar al gobierno que algunas cosas se están haciendo mal. Hace tiempo que se sabe que el país necesita un cambio radical en su política económica. Sólo se han producido “amagues” que nos han hecho ilusionar, aunque las permanentes decisiones equivocadas nos hacen chocar de frente contra la dura realidad.
Nos encontraremos nuevamente mañana,
Horacio Pozzo

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