Los industriales de Argentina están preocupados por la caída de la competitividad del tipo de cambio real y no es para menos. Con un dólar cuasi fijo en los $ 3,10 y con una inflación real superior al 20% interanual, el tipo de cambio real de la economía argentina se viene deteriorando a un fuerte ritmo.
Tal es el deterioro del tipo de cambio real que, según refleja un artículo de Sebastián Campanario para el site “Ieco”, la relación entre el valor del peso argentino y el dólar volvería a estar uno a uno para 2009 en términos reales.
Hasta hace unas semanas atrás, desde el campo no se habían escuchado muchas quejas al respecto. Es que con los altos precios internacionales de los commodities agrícolas, el campo podía mantener su rentabilidad a pesar de las retenciones impuestas por el gobierno nacional.
Pero con la fuerte caída en la cotización internacional del precio de los commodities agrícolas, junto a las retenciones y al creciente valor de los insumos agrícolas (a lo cual se suma la fuerte sequía que se sufre en varias regiones del país), la situación actual es totalmente diferente y es por ello que ya se adelantó que el campo le reclamará al secretario de Agricultura Carlos Cheppi, un dólar de entre $ 3,50 y $ 3,80, lo cual implicaría un salto promedio cercano al 20% de su valor actual que se encuentra actualmente en los $ 3,12.
El reclamo del campo no está muy lejano del que formulan los industriales (aunque más tímidamente). Así, dos sectores de peso en la economía argentina, se unen virtualmente en el pedido de un tipo de cambio más competitivo.
Probablemente desde el gobierno se advierta cómo las cuentas externas se deterioran sin pausa y quizás hasta se reconozca en la necesidad de hacer algo para mejorar la competitividad de la economía argentina, pero ¿Estará dispuesto el gobierno a devaluar el peso argentino en la búsqueda por restituir parte de la competitividad perdida del sector exportador?
En su momento, cuando estalló la crisis, el tipo de cambio nominal pasó de la relación uno a uno con el dólar a una relación de $3,5 por dólar (y hasta llegó a estar rondando los $ 4 por dólar). En ese momento, el sector externo se encontró con una mejora en la competitividad extraordinaria y así la economía argentina pudo iniciar su recuperación a través de la demanda externa.
Pero a diferencia de lo que ocurrió a principios de 2002, la situación actual de la economía argentina es totalmente diferente a la observada en aquel momento. Es que la fuerte recesión de la economía, sumada al atraso cambiario que tenía el peso argentino, posibilitó semejante devaluación de la moneda sin que ello se viera traducido en una tasa de inflación de igual nivel (que si bien fue elevada en 2002, fue mucho menor que lo que se depreció el tipo de cambio nominal). El ‘pass trough’ de la devaluación de la moneda argentina a los precios fue bajo.
Hoy la posibilidad de devaluar el peso argentino, puede tener una consecuencia directa en una mayor tasa inflacionaria ya que el pass trough es mucho más fuerte de lo que fue en 2002. Es por ello que para el gobierno, el tipo de cambio nominal, representa en estos momentos un ancla en el nivel de precios, por lo que su movimiento hacia arriba no puede ser demasiado brusco.
Y si la devaluación del peso argentino no es la alternativa que maneja el gobierno para recomponer la competitividad de los sectores exportadores, entonces habría que trabajar en medidas que mejoren la competitividad de los sectores productivos.
Para colmo de males, la reducción de la holgura fiscal que está enfrentando el gobierno obliga a plantear la necesidad de ir reduciendo los subsidios, lo cual tiene su contrapartida en la convalidación de incrementos de precios. Así por ejemplo se ha hecho con el tema del gas.
A todo esto, hay que agregar que el país está más condicionado en su accionar frente a los ojos del mundo. Es que la necesidad de cerrar el programa financiero para los próximos años, prácticamente obligó a la presidente argentina a buscar amigarse con los mercados financieros internacionales.
En este contexto es que Argentina anunció la voluntad de cancelar la deuda con el Club de París y, a principios de esta semana, se dio el anuncio de la elaboración de una propuesta para los bonistas que no aceptaron la reestructuración de la deuda caída en default.
Argentina, más allá de la euforia inicial que siguieron a dichos anuncios, no la tiene fácil en las negociaciones. Con el Club de París, todavía no se han puesto de acuerdo sobre cuánto es el monto a pagar (hay una diferencia cercana a los US$ 1.200 millones), mientras que los bonistas se muestran desconfiados y eso es lo que han manifestado aquellos que forman parte de la Asociación de Ahorristas de la República Argentina (AARA).
La búsqueda de una solución para la deuda existente con el Club de París y con los holdouts, es solamente una condición necesaria para poder acceder a los mercados financieros internacionales. Pero no son las únicas para poder acceder a una tasa razonable. El control de la inflación, la transparencia en las estadísticas y una mayor previsibilidad económica son otras de las condiciones que los mercados le impondrán a la Argentina para volver a aceptarla.
Frente a los condicionantes que se le imponen a la Argentina desde los mercados externos, la posibilidad de que se produzca una sensible devaluación cambiaria aparece como algo remoto. Por lo pronto, lo mejor que puede hacer el gobierno argentino en términos de competitividad es trabajar sobre la estabilidad de precios ya que por dicho frente proviene el principal deterioro de la competitividad cambiaria.
Por estos momentos, da la sensación de que una devaluación nominal del tipo de cambio no resuelve el problema de competitividad de la economía. La competitividad se debe buscar a través de una mejora en la eficiencia productiva, eliminación de distorsiones y una mejor infraestructura, entre otros aspectos. El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner debería trabajar en estos aspectos si pretende mejorar la competitividad del país.
Nos encontramos nuevamente mañana,
Horacio Pozzo
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