Por la crisis en EE.UU., se mira de reojo a México
Cada vez que Estados Unidos atraviesa por dificultades, inevitablemente los ojos de los mercados miran hacia México descontando que su economía sentirá, con seguridad, el impacto.
Es por eso que el agravamiento, por estos días, de la crisis en el sistema financiero estadounidense, está generando dudas sobre cómo podrá desligarse la economía mexicana de la influencia de EEUU y cómo el sistema financiero mexicano podrá mantenerse inmune ante los coletazos de la crisis del sistema financiero de aquél país.
Ante esta situación de convulsión en los mercados internacionales, el incremento en la cartera crediticia vencida en el sistema bancario mexicano (el cual fue del 16,5% interanual en el segundo trimestre del año), impulsada por la desmejora de los créditos al consumo, ha generado algún temor sobre la salud del sistema financiero de este país.
Relacionado a lo anterior, hace una semana, Standard & Poor’s advertía que la morosidad en hipotecas podría subir en México debido a que los consumidores resienten la presión en sus bolsillos por los constantes aumentos de precios.
Para calmar los temores, el secretario de Hacienda, Agustín Carstens decía en relación al posible impacto de la crisis del sistema financiero de Estados Unidos sobre el sistema bancario mexicano: “Si esta crisis se hubiera dado hace cinco o seis años, sí hubiera afectado a la banca mexicana, sin embargo ahora se encuentra en una situación sólida”.
Específicamente sobre lo que se está viviendo en los EE.UU., Agustín Carstens decía: “Lo que estamos viendo con los bancos de Estados Unidos es un problema de digestión. Las autoridades de EU están actuando bien y con celeridad y sí se está dando en un contexto de mucha incertidumbre, pero una vez que se va dejando atrás, el camino hacia delante se va aclarando, aunque no se puede asegurar que ya pasó lo peor”.
Es que más allá de los temores que puedan existir, lo cierto es que hoy por hoy, el sistema financiero mexicano se encuentra muy sólido y bastante resguardado de las posibles influencias del sistema financiero estadounidense. Y en lo referente a la cartera hipotecaria (elemento sensible considerando el origen de la crisis actual en EE.UU.), la misma no posee el tamaño que existía en los EE.UU., y su bajo volumen, muestra que el mismo es de alta calidad producto de las exigencias de selección realizadas por las entidades bancarias.
Incluso en caso de que la agitación de los mercados internacionales pretenda afectar a México, el país tiene un buen colchón de reservas internacionales como para hacerle frente. Las reservas internacionales del país, se encuentran cercanas a los US$ 82.000 millones.
Por estos momentos, el sistema bancario mexicano, más que pensar en cierto impacto de la crisis en los EE.UU., se encuentra en pleno avance de medidas tendientes a mejorar su eficiencia.
Básicamente, en el sistema bancario mexicano se está pensando en dos medidas a ser implementadas en el corto plazo: una es lo que se conoce como la portabilidad de nómina, (que no es otra cosa sino la capacidad de un trabajador de elegir dónde quiere recibir su pago). La otra medida a implementarse en breve es la determinación de crear la Cuenta Única de la Tesorería (decisión tomada por Secretaría de Hacienda y Crédito Público), la cual tiene como principal objetivo dar orden al manejo de las cuentas gubernamentales mediante la concentración de recursos. Con esta disposición, no sólo se logrará un manejo más transparente y auditable de los fondos que se distribuyen entre las dependencias sino que los trabajadores al servicio del Estado podrán elegir dónde quieren recibir su pago.
Estas dos medidas tenderán a incrementar la competencia en el sistema bancario por atraer a los clientes, y probablemente, una cierta especialización de los mismos en determinados segmentos. Además, disminuirán las tasas de interés por los créditos de nómina, se ampliarán los plazos y las instituciones de crédito serán altamente creativas para atraer y retener a los clientes.
Mientras que no parece ser por el sistema financiero que se transmitan las turbulencias de la economía estadounidense sobre la mexicana, sí probablemente los principales efectos sobre la misma se sentirán por el lado del sector externo y por las menores remesas que se recibirán desde los EE.UU.
En relación a la incidencia de los problemas en la economía estadounidense, Carstens no se ha mostrado preocupado ya que entiende que la desaceleración del crecimiento en México está llegando a su límite y que la economía del país latinoamericano debería crecer un 3,0% en el 2009.
El agravamiento de la crisis financiera en los EE.UU., puede derivar en un impacto positivo sobre la economía mexicana debido a la incidencia sobre los precios internacionales de los commodities (especialmente alimentos), que están provocando importantes presiones inflacionarias en la economía.
Las menores presiones inflacionarias pueden posibilitar que el Banco de México desarrolle una política monetaria menos dura, lo cual podría beneficiar tanto a la actividad económica como a la competitividad del tipo de cambio mexicano.
En líneas generales se puede decir que la economía mexicana se muestra fuerte para soportar los embates de la crisis financiera estadounidense, e incluso, el agravamiento de la misma, puede generarle efectos positivos al limitar las presiones inflacionarias que representan actualmente uno de los mayores desafíos de México.
Nos encontraremos nuevamente mañana,
Horacio Pozzo
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