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Categoría: Japón

¿Hay que vender yen?

¿Hay que vender yen?

¿Hay que vender yen? 18 Mayo 2009 

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Se vienen años difíciles para la economía japonesa más allá de la actual crisis financiera internacional. Si bien esta crisis representó un duro golpe para la economía de Japón, la misma ya venía arrastrando una serie de dificultades que mantenían el panorama económico bajo tensión. La preocupación de los japoneses por la situación económica se refleja en la tasa de suicidios que se incrementó en un 40,6% ante las dificultades para encontrar empleo. En este contexto adverso y hasta trágico, se debate la suerte del yen ¿Qué perspectivas tiene la divisa japonesa en el mediano plazo?

Mirando una gráfica de la evolución del yen frente al dólar desde el año 1997, observaba que la moneda japonesa se ha ido apreciando frente a la divisa estadounidense (aunque no de manera ininterrumpida). Si uno se guiara por la tendencia que marca la gráfica, probablemente se incline por anticipar la continuidad de dicho comportamiento a favor del yen y sin dudas, estaría cometiendo un error que puede costar caro. Es que existen factores tanto desde la economía de Japón como de EEUU que hacen pensar que a mediano plazo, la divisa nipona se debilitará frente al dólar. 

Como la gráfica probablemente no sirva de mucho para anticipar el comportamiento del yen (opinión que no espero compartan los analistas técnicos), creo conveniente echar un vistazo a las variables fundamentales de la economía de Japón. En vista de los fundamentos macroeconómicos que observa la economía japonesa, las perspectivas de mediano plazo del yen no parecen ser demasiado positivas. Con un déficit fiscal difícil de revertir, una deuda pública en niveles que complican su sostenimiento e incluso ahora, con un déficit de cuenta corriente, la economía japonesa se mantendrá frágil durante varios años y dicha fragilidad se traducirá inevitablemente en fragilidad para el yen.

Las dificultades en esa economía mantendrán presionado al Banco de Japón a mantener planchada su tasa de interés de referencia que puede despertar viejos fantasmas. ¿Se viene un nuevo carry trade? Veremos, existe la posibilidad y en breve resurgirán los incentivos para hacerlo, lo cual inevitablemente atentaría contra el valor del yen.

Aunque se veía venir, causó sorpresa el resultado del superávit anual de cuenta corriente de Japón que cayó por primera vez en siete años para el año que termina en marzo, por la fuerte disminución de las exportaciones. La caída en el superávit de cuenta corriente alcanzó un preocupante 50,2%, según da cuenta el español ADN. La caída en las ventas externas hizo que la balanza comercial de Japón entrara en rojo luego de tres décadas (US$ 7.382 millones en el año fiscal cerrado en marzo del presente año).

La caída de las cuentas externas va más allá de la situación de la coyuntura internacional. Cada vez son más los que piden revisar la competitividad de los productos y servicios japoneses. Los problemas de competitividad de la economía anticiparían de este modo la continuidad del deterioro de las cuentas externas de Japón, lo cual representa una mala noticia también para la fortaleza del yen.

En Japón no queda otra alternativa que resignarse a soportar una fuerte contracción del PBI durante el presente año fiscal. La misma podría alcanzar al 3,3% según Xinhua, aunque no habría que descartar una contracción superior. Para el primer trimestre del año, según Reuters, los analistas de mercado anticiparon que esperan una contracción del PBI japonés récord de 4,2%.

Kiyohiko Nishimura, vicepresidente del Banco de Japón, ya anticipó que probablemente la debilidad económica (¿Anticipo de la evolución de la política monetaria?), se mantenga durante unos cuantos años "Una vez que una curva de retroalimentación adversa se ha iniciado, es extremadamente difícil y costoso detenerla y restablecer la confianza". Japón tiene una experiencia reciente de una depresión económica que se iniciara en 1990 y no culminara completamente sino hasta el 2005.

Mientras la economía se hunde, las críticas sobre el plan de estímulo abundan por considerarlo orientado solamente a captar votos y no a tener un impacto real en la economía. El ministro de Economía de Japón, Kaoru Yosano se defendía de las críticas detrás de la vieja escusa del largo plazo, diciendo: "Esto no sucederá de la noche a la mañana, pero debemos avanzar hacia una economía basada en el mercado interno". Lo cierto del caso es que la economía japonesa tiene una clara orientación a los mercados externos y difícilmente la revierta, máxime considerando el crecimiento de China que se traduce en un interesante crecimiento de demanda potencial.

Por si todos los problemas que tiene la economía japonesa fueran pocos, en estos últimos meses, el yen ha incorporado un nuevo enemigo que está logrando importantes avances. El yuan sin dudas está surgiendo para hacerle sombra a la divisa japonesa. La moneda china está apuntalada por el deseo político del gobierno chino de que esto sea así.

China está avanzando velozmente en la celebración de acuerdos comerciales en los cuales el yuan pasa a ser la moneda de intercambio. La política del gobierno chino para imponer el yuan a nivel internacional está siendo muy activa. La imposición del yuan, primero a nivel regional para luego pasar a ser divisa de referencia mundial, le quita (y le quitará) demanda a la divisa japonesa, lo cual acentuará su caída.

La competencia del yuan y los problemas de la economía japonesa que no se resolverán en poco tiempo, prácticamente condenan el destino del yen en el mediano plazo. De todos modos, para Japón ello no representa una mala noticia ya que a pesar de los dichos de fortalecer la demanda interna como objetivo del gobierno, la realidad indica que será nuevamente la demanda externa la que ayude a la economía japonesa a salir de la situación en la que se encuentra.

¿Será el futuro debilitamiento del yen un problema o una ayuda para la economía de Japón? Habría que observar cómo dicho debilitamiento incide sobre las presiones inflacionarias, pero en principio se lo puede considerar como un factor positivo para recomponer la fortaleza externa de la economía. Claro que la competitividad de Japón no se puede reducir a un tipo de cambio débil, sino que implicará reformas profundas en la economía nipona.

 

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Los pronósticos del FMI no dan lugar al optimismo

Los pronósticos del FMI no dan lugar al optimismo

Los pronósticos del FMI no dan lugar al optimismo 23 Abril 2009 4 veces leído No Hay Comentarios • Artículos OfrecidosCategorías

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Cuando hace unos días se comenzaba a hablar de las primeras señales de recuperación de la economía estadounidense, renacía la esperanza de que la terrible crisis financiera que está padeciendo el mundo, tuviera un final cercano. Sin embargo, mientras dichas señales se encuentran esperando nuevas confirmaciones, las proyecciones del Fondo Monetario Internacional (IMF), sobre el crecimiento global, vuelven a instalar el pesimismo. ¿Se retrasa la recuperación de la economía mundial? ¿Qué pueden hacer las economías latinoamericanas para limitar el impacto negativo del contexto global adverso?

¿Qué tan profunda es la crisis? Lo suficiente como para que el FMI estime que la economía mundial sufrirá una contracción del 1,3% durante el presente año. El deterioro de las condiciones económicas ha sido tal en los últimos meses que en el mes de enero, sólo cuatro meses atrás, el organismo internacional había pronosticado un crecimiento de la economía mundial del 0,5% para el presente año.

Los números de crecimiento proyectado por el FMI para las principales economías son preocupantes. En la zona del euro se espera que la economía se contraiga en un 4,2% e incluso seguirá contrayéndose durante el 2010 en un 0,4%. Dentro de la eurozona, la economía alemana sufrirá en el presente año una contracción del 5,6% (y seguirá cayendo en 2010, aunque lo haría un 1%).

 

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Para la economía estadounidense, el organismo internacional anticipó una contracción de su producto del 2,8% para el presente año, mientras que la economía japonesa se contraerá un 6,2%. Para el FMI, la principal economía mundial continuará contrayéndose en 2010. La economía estadounidense observaría una caída de su PBI en un 0,05% el próximo año, lo cual desalentaría las esperanzas sobre las perspectivas de recuperación de la economía mundial.

Para Latinoamérica, las proyecciones tampoco resultan alentadoras. Es que el FMI espera que la región entre en recesión durante el 2009 y su PBI se contraiga un 1,5%. En 2010, la región volverá a crecer, aunque lo haría en un 1,6%. Pero no todos los países latinoamericanos recuperarían la senda del crecimiento ya que el FMI proyecta que tres países seguirán observando una contracción de su producto, entre ellos, Venezuela cuyo PBI se reduciría un 0,5%.

Entre las economías latinoamericanas que más sentirán el efecto de la crisis según el FMI están México (-3,7%), Venezuela (-2,2%) y Ecuador (-2%). Luego sigue, entre las principales economías de la región, Argentina con una contracción esperada del 1,5%.

Luego de presentado este panorama desolador: ¿Qué se puede decir al respecto de estas proyecciones? Si lo pienso buscando una doble intencionalidad por parte del FMI, diría que el organismo estaría exagerando las cifras de caída del PBI global para lograr que los gobiernos aumenten sus esfuerzos para lograr la recuperación económica.

Uno puede interpretar esta intención en párrafos como el siguiente en donde el organismo internacional se refiere a la Unión Europea: "si los países de la Unión Europea son capaces de poner en marcha una respuesta contundente, global y coordinada a las tribulaciones del sector financiero, la confianza y deseos de asumir riesgos se podrían recuperar más rápido de lo esperado".

Todavía no me animo a pensar que la crisis permanecerá un tiempo más entre nosotros. Personalmente, le tengo un poco de fe a la capacidad de recuperación de la economía estadounidense y a su poder, como locomotora de la economía mundial que es, de liderar la recuperación del resto de las principales economías. Es por ello que, aún espero que el 2010 arroje signos positivos en términos de crecimiento para las principales economías del planeta.

Lógicamente, soy consciente que mis expectativas corren un serio riesgo en medio de un contexto altamente turbulento y en donde aún persiste la incertidumbre que atenta contra las expectativas. Pero no tengo dudas que a medida que se vayan reduciendo los riesgos, la recuperación económica cobrará fuerza de la mano de un cambio de humor que impulsará el consumo y la inversión nuevamente.

Está claro viendo las proyecciones del FMI que las economías sudamericanas sufrirán más de lo esperado la crisis actual. Ello a pesar de que las mismas están haciendo todo lo posible tanto desde la política monetaria como la fiscal para contrarrestar el impacto negativo de la misma.

Una reflexión que creo necesaria realizar es que tanto las economías latinoamericanas que han llevado adelante políticas económicas sanas como aquellas que no, se ven duramente golpeadas por la crisis. Claro que existe una diferencia entre ambas. Aquellas economías que han estado llevando adelante políticas sanas y consistentes a largo plazo, sufrirán menos y observarán un más pronto restablecimiento de su crecimiento económico.

Mientras tanto, mientras la crisis sigue afectando a la región: ¿Qué pueden hacer los países latinoamericanos? Las perspectivas negativas de crecimiento en las principales economías mundiales representan un duro golpe para la región, a la que dicha situación le dificultará su recuperación. La única alternativa que tienen para atenuar los efectos de la crisis es continuar recurriendo a la política monetaria y fiscal expansivas y a la cooperación regional.

Sobre la política monetaria, las economías deben tener cuidado de que la misma no genere efectos negativos sobre la estabilidad cambiaria ni que genere un efecto negativo sobre el flujo de capitales, por lo que la misma probablemente encuentre límites a su accionar en el manejo de su tasa de interés de referencia. Ello hará necesario que para lograr mayores efectos sobre la economía real, se trabaje con más intensidad sobre otros mecanismos para lograr que el sistema financiero genere el crédito necesario para recuperar la fortaleza de la demanda interna.

La cooperación regional es un elemento clave para atenuar los efectos de la crisis en Latinoamérica. Este es un mal momento para pensar el aumentar el proteccionismo entre los países de la región. ¿Será posible que los países de la región puedan avanzar en acuerdos de cooperación para expandir el comercio intrarregional como respuesta a la crisis?

¿La economía mundial entra en deflación?

¿La economía mundial entra en deflación? 

Buenos Aires, Argentina

22 de abril de 2009 

La lista de países se acrecienta día a día. No solamente la crisis está afectando el crecimiento de la economía global, sino también, ahora las principales economías del planeta están comenzando a sufrir deflación de precios.  

Mientras escribía este artículo pensaba que esta situación de deflación será al menos un consuelo para Felipe, un amigo mío que desde fines del año pasado, viene planeando un viaje hacia los Estados Unidos para el mes de julio de este año. Es que la devaluación del peso argentino ha hecho que mi amigo pueda comprar menos dólares que los previstos para su viaje al país del norte (el estancamiento económico que sufre Argentina ha impedido también, que obtenga una mejora salarial). Seguramente la deflación que padece la economía estadounidense hará que mi amigo encuentre precios más amistosos con sus golpeados bolsillos, y por qué no, más de una gran liquidación se cruzará por su camino. 

El escenario económico global ha cambiado varias veces de manera brusca desde que se inició la crisis. ¿Se podía prever que las principales economías del planeta iban a estar amenazadas por la deflación de precios cuando justamente poco menos de un año atrás sufrían las mayores alzas de precios en años? Si bien era difícil imaginarlo, esta situación era totalmente predecible y de esperar. Es que los episodios de profunda recesión como la actual generan frecuentemente situaciones de deflación. 

Cada vez son más los países que se encuentran o han comenzado a observar signos de deflación. En el día de ayer, Inglaterra (con una caída mensual en sus precios minoristas del 0,4%, por primera vez luego de casi cincuenta años), se unió al grupo de países que están experimentando síntomas de deflación de precios. En dicho grupo ya se encontraban Estados Unidos, Alemania, España, Suiza, Japón y China, entre las principales economías del planeta. La lista promete incrementarse en breve, principalmente con países europeos. 

 

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La deflación preocupa y para mostrarlo, tomaré el caso de Japón. La situación de la economía japonesa es tal que los precios industriales observaron en el mes de marzo, una caída interanual del 2,2% (su mayor caída desde 2002). Según Hideyuki Araki, economista del Instituto de Investigaciones de Resona: "Las empresas están en una dura competencia para reducir los precios, debido a la debilidad de los consumidores". Esta competencia que se traduce en rebajas en los precios implica también reducción en los flujos de fondos de las empresas y quizás también, menores ganancias (ya que la caída en los precios puede no compensarse con el incremento en las ventas), aumentando el riesgo de quiebras. Así, menor cantidad de empresas sobrevivirán en un mercado que se sigue achicando por la crisis y el aumento de la desocupación.   

Las perspectivas de las principales economías hacen prever que se mantendría el contexto de deflación. Para colmo, la caída del precio del petróleo aumenta el margen para que el resto de los precios en las economías, continúe cayendo. 

La incapacidad de la política monetaria de los principales bancos centrales ya ha quedado ampliamente demostrada durante la presente crisis. Y esta incapacidad no solamente se ha observado en el contexto actual de deflación (y deterioro económico), sino también se ha percibido con claridad durante el período de fuerte incremento de los precios internacionales de los commodities (agrícolas, minerales y de energía, entre los principales), que se había traducido en un aumento no menor en la tasa de inflación minorista. 

¿Será el momento de rever la manera en que se conducen las políticas monetarias? Probablemente sí. Las políticas monetarias utilizan actualmente como instrumento exclusivo el control de la tasa de interés de referencia. Las mismas funcionan y muy bien en contextos económicos relativamente normales o en aquellos en donde los problemas económicos están limitados al ámbito nacional. Pero las mismas fracasan rotundamente frente a una crisis generalizada o cuando el problema supera el ámbito nacional (como en el caso del alza sostenida en el precio de los commodities agrícolas). 

Si bien los principales Bancos Centrales del mundo han complementado su política de tasas de interés con otras medidas para suministrar liquidez al mercado monetario y para estimular el mercado crediticio, las mismas no han logrado ser lo exitosas que se esperaban. En esta cruzada por ejemplo, la Fed ha realizado grandes inyecciones de liquidez en forma de préstamos a entidades financieras e incluso a empresas con el objeto de apoyar la reactivación de la economía. 

Probablemente la política monetaria no pueda hacer mucho más al respecto en situaciones de crisis como la actual, pero se pueden trabajar en medidas complementarias que contribuyan a restaurar los canales de transmisión de la política monetaria para que gane en eficacia. 

Sin lugar a dudas, los gobiernos de las principales economías están preocupados por los síntomas de deflación que los afecta. Y los ciudadanos de dichos países ¿Cómo se deberían sentir? La caída generalizada en los precios puede en principio ser bien recibida por la población, pero ello puede representar un riesgo serio en este contexto de crisis. Es que la caída en los precios puede implicar menores ganancias para las firmas y la necesidad de mayores recortes en la plantilla de trabajadores para mantenerse en actividad, lo cual a su vez impacta negativamente sobre el consumo, en una suerte de círculo vicioso difícil de detener.  

No existen dudas de que esta situación de deflación no es buena en este contexto de recesión global. Y ante la incapacidad de la política monetaria para revertir la situación, la alternativa que queda es que se produzcan mayores impulsos sobre la demanda agregada desde la política fiscal.  

¿Qué harán los gobiernos ante esta situación? Si las economías siguen mostrando una tendencia hacia la baja en los precios internos, deberán evaluar seriamente la posibilidad de recurrir a mayores esfuerzos fiscales ante la pobre performance de la política monetaria (la cual en varios países se encuentra en un nivel límite en términos de recortes de tasas). 

La clave para resolver el problema deflacionario y de recesión pasa por estimular la demanda interna. En la situación actual, la apuesta por la política fiscal aparece como más atractiva frente a la política monetaria. Sin embargo, una solución más contundente pasaría por torcer las expectativas del sector privado. En EEUU se están observando mejoras en los indicadores de expectativas de los consumidores: ¿Será esta la clave para resolver los problemas actuales de la economía estadounidense y mundial?